Duelo

¿Qué pasa en el duelo?

La palabra DUELO remueve muchas emociones que a veces ni siquiera sabemos que sentimos, hablar de las pérdidas se torna complicado cuando ni siquiera sabemos qué perdimos como tal,  a lo que me quiero referir con esto es a la pérdida significativa que experimentamos cuando “perdemos”, ya sean personas, cosas materiales, roles, hasta la pérdida de la salud… y bien ¿qué significa la palabra Duelo?

¿Qué es el duelo?

La palabra duelo se deriva del latín, dolus, que significa dolor, al ponerlo así la definición del latín nos llena inmediatamente de emociones que no se sienten tan padres: DOLOR, es bien sabido que el proceso de duelo aparece ante cualquier pérdida, sin embargo, el duelo por la muerte de un ser querido se vuelve más fuerte e intenso debido a lo irreversible del evento y la ansiedad que nos provoca pensar, a partir de este evento, la inevitabilidad de la propia muerte en algún momento.

Desde el psicoanálisis entendemos el duelo como algo que va más allá de un dolor de orden psíquico, un pesar o una aflicción. Supone un desafío hacía la propia estructura psíquica del sujeto.

Hablar sobre el proceso de duelo desde “el otro lado”, desde las aportaciones de la psicología y la tanatología se hacían saber confrontativas, sin embargo desde esta educación psicosocial compartir la información y difundirla era más sencillo que llevarla a la práctica, vivirla y experimentarla. La confrontación a la pérdida, sobre todo de un ser querido llega a movilizar nuestros esquemas, cogniciones y emociones, llega a movilizar la forma en la que veías la vida y ¿por qué no? también la muerte, y es por esto que les comparto las siguientes reflexiones desde una experiencia personal:

A través del proceso del duelo por un ser querido ¿con qué nos podemos topar?

Diversos autores nos hablan sobre etapas del duelo, y es ahí donde el vuelco al corazón se hizo más evidente, se plantean 5 etapas del duelo:

¿Cuáles son las fases del duelo?

  1. Negación. Aquí es donde cuesta aceptar la realidad de la pérdida y niega la “realidad” del suceso a la vez que se aísla de su entorno, es un estado de shock que no te permite asimilar lo sucedido, si lo pudiera describir de una forma específica, lo compararía como si todos mis sentimientos hubieran hecho una implosión dentro de mi corazón.
  2. Ira. A menudo, el primer contacto con las emociones tras la negación puede ser en forma de ira. Generalmente este se da contra los que creemos responsables de la muerte de la persona, en especial de los médicos, y también viene acompañado de un sentimiento de culpa y enojo hacia uno mismo, llegan a nuestros pensamientos todos los “hubiera” “Pude haber hecho…” “debí…”, se vienen a la cabeza imágenes de escenarios en los que pudiste haber hecho algo distinto que a lo mejor cambiaría el transcurso de los eventos, de manera muy burda lo plantearía algo así como los multiversos de Marvel, un enojo que me llevaba a pensar en que si hubiera actuado distinto, esa persona seguiría a mi lado.
  3. Negociación. En esta fase se trata de pactar, de negociar para cambiar la realidad. Por lo general dura poco tiempo. Se trata de llegar a “un acuerdo” o “pacto”, sobre todo con Dios, en tanto ganamos tiempo para darnos cuenta y aceptar la perdida. Por lo general, el pacto se trata de algo secreto, podría describir esta etapa como reflexiva, introspectiva desde la negación de lo que me ocurría a mí y a mi familia en ese momento, he de confezar que esta parte la volqué por completo en esta creencia que dejaba en manos de un algo superior que iba a escuchar mi dolor y mágicamente me haría saber que todo fue un sueño y que al despertar, esa persona seguiría a mi lado. No fue del todo malo, ya que me ayudó a disminuir la angustia que sentía sobre todo por las noches.
  4. Depresión. Se caracteriza por un estado de tristeza al no poder evadir o cambiar lo sucedido, este momento es cuando la realidad llega como una avalancha de nieve y te enfrentas a la parte más difícil de la pérdida, la ausencia, esta ausencia que se experimenta en cada rincón de nuestros pensamientos, en cada rincón de nuestro corazón, de nuestras vivencias… duele ¡pero qué necesaria es! En esta etapa me di cuenta de que había cosas por hacer y que lamentablemente mi vida continuaba sin él…
  5. Aceptación. Finalmente se estructura una forma de aceptación de la realidad. En general, es necesario dejar que el tiempo haga su trabajo para ir admitiendo la nueva situación. Cuando se comprende que la búsqueda de la persona y la negación son vanas, se puede aceptar que la vida continúa, aunque ya no pueda ser como antes.

 

¿Qué onda con el duelo?

Durante estas etapas, puede experimentar todo el vuelco de emociones, reflexiones y pensamientos;  y bien ¿qué aprendí de todo esto? Frente a un acontecimiento de pérdida cada persona tiene formas distintas de concebirlo, de explicarlo, de sentir, de pensar y de comportarse.

La relevancia y reacción no depende tanto del acontecimiento en sí mismo, sino la forma en que lo percibimos y el significado que le damos. Las etapas planteadas se pueden vivir en diferentes momentos, no necesariamente en ese orden, algunas veces de la negación se puede saltar a la aceptación y viceversa, sobre todo en fechas especiales, como cumpleaños, aniversarios, eventos significativos en donde la remembranza nos puede arrastrar a otra etapa del duelo sin importar su orden.

La duración de un proceso de duelo “sano” lleva aproximadamente 18 meses, sin embargo no hay que dejar de lado las características de cada una de las personas, pero hay que recalcar que si durante este proceso se observan conductas en las personas que comienzan a ser desadaptativas en su día a día es cuando tenemos que pedir ayuda.

Es un proceso duro y llega a ser más complicado porque en nuestra cultura hablar de la muerte aún sigue siendo parte de algo que no se quiere hablar, hablar de lo que duele, lo que nos enoja y lo que nos pone tristes sigue siendo un signo de “debilidad” de “vergüenza” algo que no se comparte, que es privado, sin embargo la educación y aceptación de esto es lo que nos podría evitar en un futuro un duelo complicado, y aquí la invitación a que hables de lo que sientes, ya sea con un experto o con alguien de tu confianza, pero háblalo, verbalízalo, apalabra tus emociones, esto ayudará a que puedas procesar de una forma distinta la emoción y cumpliendo su cometido se pueda ir. El duelo es un proceso de adaptación a la vida sin esa persona querida en este mundo, a ese trabajo perdido, a esa pareja que se dejó ir, es aprender a que no somos infinitos, pero mientras tenemos el aquí y el ahora la vida continúa.

La partida de mi pa vino a remover mi mundo por completo, después de un año y un mes, les puedo compartir que el proceso no ha sido sencillo, pero me ha servido la compañía de mis seres queridos que a pesar de la distancia por esta pandemia, los siento cercanos, me ha ayudado hablar del tema, también aceptar que esto es una montaña rusa y que hay que vivir y experimentar aquello que duele, de no tener miedo de recordar en voz alta, de no tener miedo de que se quiebre la voz cuando se habla en voz alta, de no tener miedo de llorar hasta que quedarte dormido, entendí que era parte del proceso y que la mejor forma de atravesarlo es: VIVIENDO.

Evita obligarte rápidamente a sentirte mejor, a sanar rápido, esto solo podría prolongar aún más este proceso de duelo, recórrelo a tu tiempo, afronta los sentimientos y encuentra en ti mismo los recursos que te llevarán a aceptar, sanar y así reconstruir un nuevo sentido de vida.

Artículo escrito por Psi. Andrea Carranza, lee su  Biografía Aquí



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